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Evolución cultural

A

 diferencia del resto de los animales, el hombre es un ser dotado de inteligencia, lo cual le permite ser consciente de su propia existencia; cuenta con dos características fundamentales: la racionalidad y la libertad. Gracias a ellas, puede modificar la evolución cultural en un sentido mas acorde con su propia naturaleza y, por lo tanto, con la sociedad.

La inteligencia le ha permitido al hombre ser la especie dominante. La explicación de esto radica en que en el hombre hay dos tipos de herencia. La herencia biológica, como en el resto de los animales; y la herencia o transmisión cultural: tras el aprendizaje, el hombre adquiere las experiencias de sus antepasados.

Entre hace 3 y 2,5 millones de años, nuestros ancestros homínidos marchaban erguidos y construían herramientas de piedra. Por fragmentos encontrados junto a restos de los Australopithecus, se ha propuesto que estos homínidos ya utilizaban cantos rodados  así también palos y huesos largos, que tendrían una función de símbolo amenazador. Herramientas más evolucionadas, como punzones y yunques, pertenecieron ya al Homo habilis quien fue capaz no solo de fabricar y usar instrumentos, sino también de transmitir esta información a los demás.

Junto a los fósiles de Homo erectus (que datan de más de 1,5 millones de años), se encontraron piedras con las cuales estos homínidos se sirvieron para obtener lascas, es decir, trozos de piedras tallados en ambas superficies que servían para golpear o cortar alimentos, pero no como armas para matar a sus presas. Estos guijarros tallados por el  Homo  erectus no seguían un patrón de modelado.

El Homo erectus construía instrumentos de piedra bastante perfeccionados, y era capaz  de encender y usar el fuego, lo que le permitió ampliar su dieta y crear un ce­ntro de actividad social, al ocupar cavernas como viviendas. Cazaba en grupo aprovechando la abundancia de  los grandes herbívoros, y también recolectaba frutos. Se hallaron cráneos deliberadamente quebrados, lo cual llevó a los científicos a pensar que en los grupos sociales de Homo erectus existían prácticas rituales, tal vez relacionadas con ceremonias reli­giosas de entierro; también se ha afirmado que era probable la practica de la antropofagia.

El Homo sapiens  neanderthalis (Neanderthal) vivía en cuevas, conocía el fuego, se alimentaba de productos de caza, se cubria y construia viviendas con pieles de animales (de acuerdo al clima donde vivía), y alcanzó un importante desarrollo cultural.

Algunos de los restos fosiles hallados de Homo sapiens neanderthalis  correspondían a desvalidos  lesionados y ancianos afectados de artrosis. Esto da la pauta de que estos hombres cuidaban a sus enfermos. También se ocupaban de los  sus muertos, a quienes sepultaban en pozos dentro de las cuevas, junto a algunos ali­mentos y armas; estas costumbres rituales parecen indicar que tenían creencias religiosas.

El Homo  sapiens sapiens, además de haber perfeccionado el arte de la pintura y la es­cultura, conoció la cerámica y el tallado refinado de la piedra. Fue el más longevo y logro domesticar algunas especies animales como el buey, el perro, el cerdo, la oveja, la cabra, etc. Antes de practicar la agricultura y plantar algunas especies vegetales (como el trigo, la vid, la higuera, el olivo, etc.), aprendió a cosechar y mo­ler cereales silvestres. También supo sacar provecho de los recursos del agua: al­gunos grupos se asentaron cerca de los ríos y se dedicaron a la pesca, con lo que además de enriquecer su dieta, contribuyó a dar los primeros pasos hacia el sedentarismo. Así hace  unos 10 000 años, el hombre paso  de cazador-recolector al de agricultor.

 

CRECIMIENTO POBLACIONAL

 

 

D

urante su evolución el hombre exploró y colonizó gran parte de la tierra gracias a su capacidad de adaptación a las diversas condiciones del ambiente.

El desplazamiento ocurrió desde  África meridional a Europa y Medio Oriente, desde allí se dirigió a Asia y Oceanía. América fue colonizada desde el estrecho de Behring, primero América del Norte luego América Central y finalmente América del Sur. (ver lámina)

En un comienzo cuando la naturaleza dominaba sobre él, la población humana creció lentamente. Para mediados del siglo XIX  era de unas 2000 millones de personal.

Los adelantos tecnológicos influyeron en un aumento muy acelerado. En apenas cien años la población mundial se duplicó y a mediados del siglo XX  superó los 4000 millones siendo en la actualidad   de aproximadamente de unos 5680 millones de habitantes. Esta cifra se duplicará a su vez en veinte años.

Ha de considerarse entonces  lo que una vez planteó Thomas Malthus  en su libro “ensayo sobre la población” (1838) como para reflexionar:

 

Él explicaba cómo se mantenía el equilibrio en las poblaciones humanas. Sostenía que ningún aumento en la disponibilidad de alimentos básicos para la supervivencia del ser humano podría compensar el ritmo de crecimiento de la población. Este, por consiguiente, sólo podría verse frenado por limitaciones naturales, como las grandes hambrunas, las enfermedades pandémicas, o por acciones humanas como la guerra.

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